Retazos de la Historia de Marbella

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Cada día que pasa nos apasiona más la historia. Por ello, el proceso de documentación que realizamos para cualquier proyecto o antes de una reunión con un posible cliente es para nosotros un placer más que una obligación. Estos días andamos dándole vueltas a algunas historias sobre Marbella y lo cierto es que el material que hemos encontrado es tan rico, que nos da pena que se nos queden en el tintero muchos personajes, términos e historias.

Dejamos registrados aquí algunos retazos de la Historia de Marbella, como aperitivo de futuros proyectos.

Arraeces: ¿Sabéis quiénes eran? Eran los patrones de barco allá por el Siglo de Oro. Su misión no era fácil, pues la costa estaba infectada de peligros en aquella época. Por ella pululaban tanto los temibles piratas venidos de Berberia (término usado en Europa para referirse a las regiones costeras de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia) como los corsos que surcaban los mares con el permiso o ‘patente’ de las naciones rivales. Por ello, los arraeces eran personas singulares, que debían reunir muchas cualidades al mismo tiempo: Conocimientos de navegación, audacia y nervios de acero. ¿Nos os parece que dan para más de una novela de aventuras?

Sota-arraez: Al que que seguía al capitán o patrón en la cadena de mando se  le denominaba ‘sota-arraez’ y al igual que el primero, trabajaba sólo desde el día de San Miguel, el 29 de sptiembre, al de Pascua Florida o Domingo de Pascua. Otros puestos indispensables dentro de un barco eran los de proel, almocaden, remero de popa y calador. La especialidad de éste ultimo era la de calcular los sitios aptos para calar las redes de pesca, según su mayor o menor profundidad. Si no daba en el clavo, no había qué llevarse a la boca., así que más le valía atinar.

Playeros: Ya en época musulmana, Ibn Al Khatib describía a Marbella como “población de gran riqueza pesquera, sobre todo en sardinas y pescado de cierto tamaño”. Tanto es así, que esta rama productiva mantenía a buen número de familias, entre ellas a las de los playeros. No, no son los que trabajan en el chiringuito o se dedican a lvigilar s hamacas. Eran arrieros que transportaban el pescado a lomo de mulos hacia el interior de Andalucía, a rincones tan lejanos como Ronda, Andújar o Écija. Tampoco éste era un trabajo fácil, pues los caminos no eran como los de ahora y además estaban infectados de bandidos, tanto cristianos como moriscos.

Monfíes: Tras la Reconquista, la decisión de la Corona de impedir que los moriscos habitaran cerca de la costa y que se dedicaran al ejercicio de la pesca, por miedo a que apoyaran la venida de un nuevo ejército desde el norte de África, provocó que el interior se volviera un lugar peligroso, hasta el punto de que los soldados cristianos no se atrevían a adrentrarse en él. En la montaña proliferaron los bandidos, algunos bien organizados, como los sesenta monfíes enviados a las Tierras de Marbella por el caudillo granadino Farax Aben Farax tras la rebelión de los moriscos de Istán. Durante la guerra fueron un claro factor de resistencia, tanto moral como estratégico. Tanto es así, que el nombre de alguno ha pasado a la leyenda, como el famoso El Melchí o El Meliche.

Contrabando: Por desgracia, es algo habitual en la Historia. Lo extraño es que tras la Reconquista se diera a la inversa del actual, o sea, de España a África. Muchos mudéjares, hartos de la presión de los clérigos (fiscal y religiosa, que todo hay que decirlo), decidieron marcharse de la que habían considerado siempre su tierra. Entre ambas orillas del Estrecho de Gibraltar, había marineros cristianos especializados en transportar secretamente a Barberiaa  los mudéjares que lo deseaban, previo pago de fuertes sumas. Sin embargo, el trato no siempre era respetado. Según guardan los registros, en febrero de 1501, un vecino de Ceuta y otro de Gibraltar, cuyos indignos nombres no merecen ser mencionados, se apoderaron del dinero y vendieron como esclavos a los cien mudéjares, entre hombres, mujeres y niños, a los que iban a conducir a la costa africana. Mala gente ha habido siempre, más aún cuando la oportunidad se presta a ello.

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14 marzo, 2016